Esa canción…

Había una canción de La Oreja de Van Gogh que irremediablemente la transportaba a aquella noche. Cuando la escuchaba, cerraba los ojos y se dejaba llevar, hasta tal extremo que sentía el agua en la punta de sus dedos. Aunque había pasado mucho tiempo, quizá demasiado, recordaba cada detalle con claridad meridiana.

En una cálida noche de luna en Cuarto Creciente, a esa hora en que es tarde para salir pero pronto para volver, dos amantes se encontraban. Estaban llenos de sueños, anhelos y esperanzas. Él, tomando su mano suavemente, la guiaba seguro entre las sombras de la noche. Bajaban despacio los escalones, que se dejaban ver en los claros que la luz de la luna creaba. Una escalera de piedra que parecía introducirse en las profundidades del lecho marino. Paso a paso, alcanzaron el final. Allí mismo, sobre las rocas, rompían las olas llenando de espuma cada recoveco, tallando la piedra con esmero. Con cuidado, la ayudó a saltar el espacio entre el último peldaño y la arena. Sus cuerpos se fundieron en un abrazo; el mar bañaba sus pies y con la luna como único testigo, en un beso sus bocas se encontraron.

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Acerca de Dama Roja

25% Sangre coruñesa + 25% Sangre bilbaína + 50% Frío palentino = 100% Verove. Maestra de Infantil y Escritora frustrada (algún día). Algo rara pero original!!
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