Mañanas de pesca

CAM05271Como ya he dicho otras veces el río de mi pueblo me tiene hechizada aunque hay unas zonas que me gustan mucho más que otras. Esta de la foto es mi preferida pero llevaba muchísimos años, concretamente 14, sin pararme aquí a disfrutar del salto de agua. La razón es que soy una sentimental y no era capaz de detenerme sin soltar unos lagrimones.

Creo recordar que la última vez que estuve aquí vine con mi abuelo. Le encantaba pescar pero le faltaba una pierna y no podía caminar río arriba río abajo. Así que venía aquí porque había unos bloques de hormigón donde se sentaba, aunque también se llevaba una silla plegable, la radio, las sopas de letras, las cañas, la cesta, las gafas, la muleta…sinceramente no sé cómo lo conseguía. Será porque era vasco. El caso es que mi abuela se preocupaba mucho por si se caía al río y no podía salir, y yo me ofrecía voluntaria para estar allí con él. Llegaba con la bici, sin que me esperase, y siempre le jodía el cigarrillo de media mañana que tiraba a toda velocidad para que no le viera, porque tenía prohibidísimo el tabaco. Y allí echaba media mañana intentando no molestar y asustarle a los peces. Al principio le pedía que me dejara tirar la caña, protestaba un poco porque yo no tenía licencia y no quería que nos multasen, pero al final siempre me dejaba. Así era mi abuelo.

Así que al año siguiente me sorprendió con una licencia de pesca para mi solita. Él se iba a pescar de madrugada y cuando yo me levantaba nos juntábamos en esta esquina del río. A mí ni siquiera me gustaba la pesca, me sentaba allí y miraba el agua. De vez en cuando tiraba la caña y esperaba. Las más de las veces enredaba los anzuelos en alguna rama del fondo. Ni siquiera sabía enganchar las lombrices. Así que iba allí, le estorbaba y tomaba el sol. En todo el año pesqué un solo pez. Compartir esas mañanas con mi abuelo era lo más maravilloso de la primavera.

Cuando se murió, aunque llevábamos tiempo sin ir al río, me di cuenta de que esas mañanas de sábado ya no iban a volver y sentí un vacío enorme. Desde entonces no había vuelto a ese rincón. El tiempo convierte el dolor en melancolía y hace que aquellos recuerdos que nos hacían llorar nos arranquen sonrisas nostálgicas.

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Acerca de Dama Roja

25% Sangre coruñesa + 25% Sangre bilbaína + 50% Frío palentino = 100% Verove. Maestra de Infantil y Escritora frustrada (algún día). Algo rara pero original!!
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