Reseña «La madrina de guerra» de J. A Lucero

Vivir en Alemania tiene la desventaja, entre otras, de que los libros en castellano son difíciles de conseguir. Aunque como última opción tengo Amazon, con baja variedad y precios más altos. Así que cada vez que voy a España, hago recopilación para tener suficientes hasta el siguiente viaje. Esta vez han caído la trilogía de «La novia gitana» de Carmen Mola y «La madrina de guerra» de José Antonio Lucero. Y de este voy a hablar.

«La madrina de guerra» trata de la historia de amor que se va forjando entre un soldado republicano y una enfermera a través del correo. Cuando leí el resumen en la contraportada, estuve dudando un poco porque la Guerra civil española me interesa muchísimo pero las historias de amor, en realidad, no son lo mío. Quizá por eso han pasado tres semanas hasta que me he decidido a leerlo.

Los protagonistas son Aurora, una joven madrileña de dieciocho años que estudia enfermería y al estallar la guerra es licenciada y enviada a un «hospital de sangre»; y Teófilo, un soldado manchego de veintiún años que es llamado a filas por el Frente republicano. Teófilo lucha en Pozuelo junto con Gervasio, el primo de Aurora. Ante la falta correspondencia de su compañero, Gervasio le pide a su prima que le escriba. Así se convierte en su «Madrina de guerra».

Las «Madrinas de guerra» eran mujeres del Frente nacional que enviaban cartas y regalos a los soldados para darles ánimos y ayudarles a ganar la guerra. Es una figura que surgió en el lado franquista pero más tarde se hizo también común entre los republicanos.

Volviendo al libro, he de decir que me ha gustado mucho. Aunque la historia de amor es el eje central del argumento, la guerra es una gran coprotagonista. Con un estilo preciso, la lectura es agradable y aunque tiene saltos temporales no hay riesgo de perderse en intrincados laberintos de fechas y personajes.

Es un libro ameno, de lectura sencilla y muy bien documentado. He disfrutado mucho leyendolo, tanto que no podia dejarlo y lo he terminado en, literalmente, dos días. Y lo más importante, he aprendido alguna cosa más sobre la historia de España y uno de sus capítulos más negros.

Hasta en la guerra, hay esperanza y una oportunidad para el amor.

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Octubre y el Oktoberfest

Octubre es mi mes favorito del año ya que hay mucho que celebrar: el día de la ciudad alemana, el cumpleaños de mis padres y el mío, el Oktoberfest y Halloween.

Y así empecé el mes el sábado, en el Oktoberfest. Todo el mundo sabe que el Oktoberfest es la fiesta de la cerveza que se celebra en Munich al final de septiembre y que dura hasta los primeros días de Octubre.

Su origen se remonta a 1810, donde tuvo lugar por primera vez para celebrar el matrimonio entre el Príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia y Hildburghausen. Desde entonces se ha convertido en la fiesta popular más grande de Alemania y recibe entre 6 y 7 millones de visitas.

Aunque el primer Oktoberfest tuvo lugar en Octubre, de ahí el nombre, debido al maravilloso clima alemán se adelantó a mediados de Septiembre, empezando siempre en sábado y acabando el primer domingo de Octubre, con la excepción de que si el 3 de Octubre (fiesta de la Unidad alemana) cae en lunes, que entonces se prolonga un día, como es el caso de
este 2022.

Aunque el Oktoberfest es una fiesta típica de Baviera y en concreto de Munich, también se celebra a pequeña escala en otras ciudades alemanas como Colonia y Essen. También en otros paises se está volviendo muy popular.

Después de 6 años como alemana adoptiva me gusta participar en las tradiciones y fiestas populares que se celebran a mi alrededor, y esto no iba a ser una excepción. Una de las primeras cosas que hice al llegar a Essen fue ir a una tienda y probarme un Dirndl (el traje típico bavaro) pero no tuve el primero hasta un año después. Supongo que ese será el primero de muchos. El objetivo del próximo año: ¡celebrar el Oktoberfest en el Theresienwiese de Munich!

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La niña que quería saltar en los charcos

Le gustaba todo de los días de lluvia: el olor a tierra mojada, las gotas de agua golpeando su cara, saltar en los charcos. Había llovido durante todo el día y por eso no había podido salir al patio. Pero ahora tenía que ir al médico, así que se vistió y se calzo sus botas de goma, las rosas con el lazo, porque las otras que eran grises y feas solo las usaba en la escuela.

De camino a la clínica, la calle estaba llena de charcos: unos pequeños, en los que apenas cabían sus pies; otros más grandes, en los que se podría hasta nadar. Tenían prisa y no podía pararse a mirar cada uno de ellos, pero de repente apareció uno maravilloso, lleno de hojas que habían caído de los árboles cercanos.

«¡Ni se te ocurra! -dijo la voz

«Pero, ¿por qué?

«Porque no puedes ir al médico llena de barro; porque los lazos de tus preciosas botas se van a estropear; y sobre todo, porque tienes catarro»

Y así la mujer que es ahora y la niña que un día fue, después de detenerse unos segundos para fotografiar el agua, continuaron su camino, prometiéndose encontrar el tiempo para saltar dentro.

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El rebelde sin causa

Mientras re veo Grimm, una de mis series favoritas, sigo babeando por Sasha Roiz, que (alerta Spolier) es el chico malo de la película. Y ahora me he puesto a pensar un poco en los niños de mi escuela que aunque son pequeños (están en edad preescolar) ya hablan sobre amores, desamores, bodas e hijos.

He de decir que los críos de mi escuela son, en su gran mayoría, guapísimos. Cuando empecé en la escuela, donde hay más de cien niños, conocí a uno que me llamó especialmente la atención y no por algo bueno. Aunque es un niño muy guapo, de tez clara, ojos azules y pelo negro rizado, uno se acuerda de él porque tiene, de vez en cuando, unos ataques de ira bastante fuertes. No hace falta decir, creo, que es uno de mis ojitos derechos y que me alegro siempre que aparece por mi puerta. Para mi sorpresa un día estaba pintando con unas niñas, cuando empezaron a discutir porque todas querían casarse con él. Hoy me he dado cuenta de que una de las más pequeñas le miraba fascinada.

Cuando yo era pequeña a mí me gustaban solo los niños buenos, tranquilos, que atendían en clase… A los diecisiete años, muy a lo tonto, me empecé a fijar en un macarrilla que vivía al lado de mi casa. Era cuatro o cinco años más mayor que yo y me lo encontraba por las tardes cuando paseaba a mi perra. Me moría de verguenza cuando le veía y no sé como ni por qué, él también se fijó en mí. Sus amigos me gritaban por la calle, me preguntaban que qué le había hecho, que estaba loco por mí. Hablamos y bailamos un par de veces, pero ahí se terminó la historia. Él me decía que yo era joven para salir conmigo y un día, de repente, desapareció. Se mudó y no le volví a ver. Una noche una amiga me acompañó a llamarle por teléfono desde una cabina. El final de nuestra relación utópica.

Supongo que cada mujer tiene un tipo de hombre al que no puede resistirse. Yo tengo dos: los «juguetes rotos», que quiero cuidar, sanar y mimar; y los que yo llamo «inteligentes misteriosos», que son como un enigma por descifrar. Aquí tengo uno que aunque pase el tiempo, no se me olvida. De los chicos malos intento pasar. El único rebelde que quiero en mi vida es James Dean.

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Paul Antoinet

«Yendo contigo/ juego con fuego/ solo disfruto cuanto más me
quemo/ Libra de libro/ tus ventoleras/ vienen y van como las mareas».

«32 Escaleras«. Rulo y la contrabanda

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La lluvia

Una vez leí el libro «una canción sin letra«, ambientado en Irlanda, una de mis obsesiones vitales. En él dicen que la lluvia es como una canción sin letra y que cuando llueve recordamos los momentos bonitos en los que también lo hacía.

Me gustó la idea y me parece una de las definiciones más maravillosas que se le pueden dar. Si lo pensamos bien, no hay canción más bonita, sobre todo en épocas de sequía como la de ahora. Pero no siempre he pensado así. Empecé a apreciarla cuando vivía en Dublín porque no había forma de librarse de ella. Más o menos como en Essen, donde vivo desde hace unos años. Desde entonces, siempre me fijo en el tiempo que hace cuando me ocurre algo que merece la pena recordar.

La primera vez que estuve en Palma de Mallorca, cuando tenía 4 años, uno de los primeros recuerdos que tengo de mis padres, llueve tanto que el agua está entrando en el coche.

Es 30 de Septiembre de 1993, diluvia y mi hermano está a punto de nacer en el coche.

Es 28 de Junio de 2012, acabo de aterrizar en Dublín. ¡Sorpresa! Llueve.

15 de Noviembre de 2013, asisto a mi primer concierto de Bruno Mars  y tengo los pies empapados porque en Madrid no ha dejado de llover…

Junio de 2016, hay 38 ° C, con un sol abrasador que no da tregua, pero en su habitación suena de fondo la lluvia. Es su forma de desconexión del mundo que hay fuera, le ayuda a pensar, a dormir, a seguir soñando, a vivir… Desde hace 6 años la lluvia pone música a nuestras conversaciones, a las tardes con un café caliente entre las manos, acompaña a nuestros abrazos y es testigo de nuestros besos. Y así, poco a poco, me voy enamorando de ambos, de él y de la lluvia. Si no puedo dormir, me pongo una tormenta; si estoy estresada, un diluvio; y cuando discutimos, pienso que se va a ir, robándome la lluvia que tanto aprecio. Y ahora mientras las gotas golpean el cristal de mi ventana, a 1689 km de distancia, le imagino sentado frente a su ordenador, quizá con una de sus guitarras en las manos, escuchando la banda sonora de nuestra relación. La nuestra no es cualquier canción. Es una canción sin letra. Es la lluvia.

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Montaña palentina

Mi refugio lejos del mundanal ruido

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Bloom, Madrid

El pasado fin de semana en Madrid, además de la exposición de «Hijas del Nilo», tuve la oportunidad de visitar un restaurante que había descubierto en Instagram.

El restaurante «Bloom», perteneciente a Salvador Bachiller, en la calle de Alberto Aguilera 54, es muy muy bonito. Con una decoración consistente en flores de cerezo, parece salido de un cuento de hadas. Estoy enamorada del sitio. Aunque los precios son bastante elevados, merece la pena una visita

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Álbum para bebé

Trabajo de Scrapbooking realizado completamente a mano.

¡Espero que os guste!

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Las hijas del Nilo

De vuelta a España he aprovechado para pasar el fin de semana en Madrid en casa de unos amigos y visitar algunos lugares que tenía muchas ganas de ver. Entre ellos la exposición «Las hijas del Nilo», organizada por el grupo Eulen y que se encuentra en «La casa de las Alhajas» ( Plaza de San Martin, 28020). «Las hijas del Nilo» es la primera exposición en torno al papel de la mujer en el Antiguo Egipto que se organiza en España.

Cartucho con el nombre de Ramses II

El precio de la entrada es de 14€, la entrada reducida son 7€. Nosotros elegimos una visita guiada que nos salió por 20€, pero mereció mucho la pena, ya que vuestro guía, especializado en escritura y literatura egipcia, tenía conocimientos extensos y trabaja en excavaciones arqueológicas egipcias, pero además usaba un lenguaje cercano y exponía sus conocimientos de forma accesible para todos. Totalmente recomendable.

Ataud de Shepenun

La exposición tiene más de 300 piezas que proceden de 12 diferentes países y que hacen un recorrido por todos los ámbitos de la vida cotidiana. Entre las piezas hay joyas, instrumentos musicales, vasos canopos… Incluso dos réplicas de vestidos y tocados realizadas en lino por Lorenzo Caprile.

Vestido diseñado por Lorenzo Caprile

La visita guiada termina con viaje a la eternidad, donde se puede observar una réplica de la tumba de Sennedjem.

Egipto es una de mis obsesiones. Sueño con el dia en el que por fin pueda plantarme delante de las pirámides y observar más de 4000 años de historia. Mientras tanto agradezco las iniciativas como la del grupo Eulen, que nos acercan la cultura de otros siglos. La exposición dura hasta el 31 de diciembre de 2022. ¡No os la perdáis!

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